Mikel Zuza, historiador. En su perfil de facebook, contesta a Del Burgo tras su publicación en Diario de Navarra sobre la exposición de Amaiur.
J. I. del Burgo publicó ayer en Diario de Navarra un artículo a
cuenta de la exposición sobre el castillo de Amaiur que estos días se
exhibe en el palacio del Condestable, en
el que como era de esperar insiste en las mismas monomanías
¿históricas? con las que él y su padre llevan machacándonos las meninges
desde hace casi cien años. No se me ocurre otro caso semejante de la
-por otra parte- actitud tan hispana del "sostenella y no enmendalla"
por estos lares, aunque por supuesto, eso no convierte sus tesis en
ciertas, pese a que hayan contado siempre con el viento "oficial" a
favor. Dice cosas como estas:
-"Este episodio bélico sucedió siete años después de la incorporación
de Navarra a la Corona de Castilla (1515) mediante "unión eqüeprincipal"
(de igual a igual), sobre la que se han escrito ríos de tinta. Dicha
incorporación a la Monarquía más poderosa de Europa, fue el lógico
desenlace de la condición hispana de Navarra, que se expresa con rotunda
claridad en el Fuero General de Navarra..."
El término jurídico "eqüeprincipal", que Del Burgo emplea siempre como
si fuera el perejil de todas las salsas, queda muy bonito en su arcaico
latín, pero no constituye bálsamo ninguno para la herida sangrante que
la conquista -y no la incorporación, por mucho que el longevo político
se empeñe en dulcificar el asunto- de Navarra supuso, pues la única
verdad la dejó lapidariamente establecida el duque de Alba cuando
expresó bien claramente a los jurados de la sitiada Pamplona que "Nunca
serán los vencidos quienes impongan sus leyes a los vencedores. Rendíos,
o vuestra ciudad será reducida a cenizas". La "condición hispana" de
Navarra, que el Fuero recoge únicamente para conferir a los reyes de
Navarra la legitimidad de los soberanos visigodos, perdida tras la
conquista musulmana, no avocaba en ningún caso a "lógico desenlace"
alguno, y mucho menos a una conquista a sangre y fuego como fue la
emprendida por Fernando de Aragón. Lo cierto es que cada vez que Navarra
pudo elegir entre ser independiente y no serlo, escogió siempre la
independencia (ahí están los ejemplos de 1134, 1234 o 1328 para
demostrarlo), pero claro, eso es mejor no decirlo, no vaya a ser que las
navarras y navarros comencemos a preguntarnos cosas que sólo pueden
dilucidar los gurús de la Foralidad como Del Burgo.
-Sigue diciendo el insigne historiador:
"A principios del
siglo XVI, Navarra se hallaba inmersa en una larga y cruenta guerra
civil provocada por el enfrentamiento de de dos bandos nobiliarios,
agramonteses y beaumonteses (el pueblo llano era el sufridor de los
desmanes de ambas facciones). Eran reyes de Navarra Juan de Albret y
Catalina de Foix. Ambos miraban más por los intereses de sus extensos
dominios en Francia que por los de un reino empobrecido como era
Navarra. En 1512 se aliaron con Luis XII en la contienda europea que
enfrentó al rey francés con el papa Julio II. En este contexto, se
produjo la ocupación de Navarra por Fernando el Católico, legitimada por
sendas bulas papales, que excomulgaban a los reyes navarros y, conforme
al derecho de la época, les privaba de su reino por su alineamiento con
el monarca francés. En 1513, las cortes navarras reconocieron al
aragonés como rey y señor natural. En 1515 éste decidió que a su muerte,
sucedieran en el trono navarro, quienes fueran sus herederos en
Castilla. Todo ello sin mengua de su condición de reino."
Uffff, habría tanto que decir... Empezaré argumentando que, a principios
del siglo XVI, concretamente para el año 1507, Navarra estaba ya en
paz. ¿Por qué razón? Porque los reyes Juan Y Catalina, esos que según
Del Burgo sólo pensaban en sus posesiones francesas, habían conseguido
derrotar a los beaumonteses y expulsar de Navarra al conde de Lerín, su
líder-marioneta. ¿Marioneta de quién? Pues naturalmente del rey
Fernando de Aragón, que era quien desde al menos 1472 sostenía desde el
exterior esa facciòn con vistas a debilitar Navarra por todos los medios
posibles, cosa que hasta ese momento había logrado a la perfección.
El riguroso trabajo basado en las fuentes de historiadores como Alvaro
Adot, ha demostrado sobradamente la importancia extrema que Juan y
Catalina concedían a Navarra, cuyo dominio les confería la condición
regia, y Del Burgo y los de su escuela lo saben perfectamente, aunque
les resulte mucho más cómodo -y más falso también- seguir con la matraca
de que eran reyes extranjeros (como su admirado Fernando, por otra
parte), aunque reinaran casi treinta años y casi todos los pasasen entre
nuestras mugas, donde nacieron por cierto todos sus hijos, entre ellos
el heredero, Enrique, que lo hizo en Sangúesa, y no en un retrete de
Gante, como Carlos de Habsburgo, ya que nos ponemos puntillosos. La
"ocupación" (cierta materia, por mucho que se le eche azúcar, sigue
oliendo igual de mal) fue fruto de una conquista injusta, la defendiese
el papa de Roma -siempre presionado por los ejércitos
castellano-aragoneses radicados en la cercana Nápoles- o no lo hiciese.
Julio II lo único bueno que aportó a la humanidad fue su encargo a
Miguel Angel Buonarroti de la decoración de la Capilla Sixtina. Aparte
de eso no fue más que un mercenario casi siempre al servicio de Fernando
de Aragón, que era quien le había conseguido la tiara al quitarle de su
camino a los Borgia. Navarra era un país soberano y podía por tanto
dirigir su política exterior como mejor le pareciera, sin que otros
países (Castilla, Aragón, Francia o Syldavia) tuvieran derecho alguno,
ni humano ni divino a entrometerse. Las "Cortes navarras" de 1513 fueron
sólo un paripé orquestado por el invasor Fernando para que la facción
beamontesa -la única que estaba presente en las mismas- inclinara su
cabeza o abriese más sus nalgas (en este caso el orden de los factores
no altera el coproducto [Sic.]) para acabar con la independencia de
Navarra, lo que evidentemente -diga lo que diga Del Burgo para marear la
perdiz- menguó definitivamente su condición de reino. Y si sólo se
dicen medias verdades -no hubo "Cortes de Navarra" en 1513, sino Cortes
del bando beaumontés-, es exactamente igual que mentir.
En resumen: puedo entender que no te guste una determinada visión
histórica que se dé en una exposición como la del Condestable, pero no
que aproveches que el Arga pasa por Belaskoain para repetir los mismos
tópicos una y otra vez, y que al contrario de lo que dijo cierto alemán
(y no oriental, precisamente) no se van a convertir en auténticos porque
insistas en ellos mil veces. Por cierto, no lo he dicho, pero el
artículo de Del Burgo se titula: "Héroes o bandoleros", ya que esta
última es la categoría que concede a los últimos defensores de la
independencia de Navarra en 1522.
¿Y sabéis lo que os digo? Que
si es por eso, prefiero mil veces ser un "bandolero" como los que
defendieron la causa perdida de Amaiur, que ostentar títulos nobiliarios
o políticos donde -en el partido del propio Del Burgo lo saben muy
bien- campe a sus anchas la primera acepciòn de "Bandolerismo" del
Diccionario de la Real Academia de la Lengua: "Conjunto de desafueros y
violencias propias de los bandoleros"
Calendario Nabarro
Mi equipo OSASUNA, mis fiestas SAN FERMIN, y mi Estado NAFARROA-NABARRA-NAVARRA-NAVARRE. Soy Osasunista,sanferminero, y por encima de todo Nabarro, pero de la Navarra Entera - Nafarroa Osoa. En este blog escribiré sobre estas mis pasiones especialmente, pero tambien de otras que se me vaya ocurriendo. Sea política, deporte, etc.. ONGI ETORRI-BIENVENIDOS a mi blog, y espero que lo disfruteis
sábado, 19 de noviembre de 2016
viernes, 11 de noviembre de 2016
Leyendas en torno al Estado de Nabarra
Sacado del blog Soberanía de Navarra
-Leyenda de las Navas de Tolosa y las cadenas: Esta leyenda no surgió realmente de los navarros, sino que fue introducida por los invasores españoles en la Navarra cispirenaica.
Los españoles buscaban con ella, introducir en el imaginario navarro, una falsa unidad de los territorios ocupados, con las coronas que conformaron el reino de España, debido simplemente, ante la gran política Estatal existente en la Navarra ultrapireniaca o soberana, durante el Renacimiento Humanista, la cual era llevaba a cabo por la Reina legítima de todas las tierras de Vasconia, Juana III de Albret y cuya denominación correcta es Navarrismo.
- Leyenda sobre la reina de Navarra, Juana de Albret, sí nacida esta leyenda en territorio navarro, en los valles colindantes a la selva de Irati, Aezkoa y Zaraitzu.
En los días de niebla, las personas que se introducen sin temor el la selva de Irati, si prestan un pelín de atención, podrán ver la majestuosa figura de la reina Juana III de Navarra, la cual está acompañada por al menos, cien leales caballeros navarros, valientes y patriotas, que se disponen seguros de ello, a reconquistar todas las tierra pertenecientes al Estado de Navarra del sur de los Pirineos, donde aún día, el pueblo navarro se encuentra esclavo por la ocupación y la represión de las tropas invasoras españolas.
- Leyenda de San Miguel de Aralar. Nacida de un libro de Navarro Villoslada, "Amaia o los vascos del siglo VIII"
Uno de sus personajes, tras cometer un doble y atroz parricidio, se impone como castigo unas cadenas que traba a su cuerpo, castigándose a vagar las laderas de la sierra de Aralar, soportando tan colosal peso, hasta que las cadenas se rompan, liberándolo tras completar su castigo.
Al encadenado Teodosio de Goñi, en una gruta se le apareció un terrorífico dragón, temeroso por su vida suplicó a los cielos. Sus súplicas fueron escuchadas y apareció el arcángel San Miguel, quien mató al dragón. En ese instante las cadenas se rompieron y quedó en libertad, para así poder marchar a luchar junto al resto de vascones y crear el Reino de Pamplona o Navarra.
-Leyenda de las Navas de Tolosa y las cadenas: Esta leyenda no surgió realmente de los navarros, sino que fue introducida por los invasores españoles en la Navarra cispirenaica.
Los españoles buscaban con ella, introducir en el imaginario navarro, una falsa unidad de los territorios ocupados, con las coronas que conformaron el reino de España, debido simplemente, ante la gran política Estatal existente en la Navarra ultrapireniaca o soberana, durante el Renacimiento Humanista, la cual era llevaba a cabo por la Reina legítima de todas las tierras de Vasconia, Juana III de Albret y cuya denominación correcta es Navarrismo.
- Leyenda sobre la reina de Navarra, Juana de Albret, sí nacida esta leyenda en territorio navarro, en los valles colindantes a la selva de Irati, Aezkoa y Zaraitzu.
En los días de niebla, las personas que se introducen sin temor el la selva de Irati, si prestan un pelín de atención, podrán ver la majestuosa figura de la reina Juana III de Navarra, la cual está acompañada por al menos, cien leales caballeros navarros, valientes y patriotas, que se disponen seguros de ello, a reconquistar todas las tierra pertenecientes al Estado de Navarra del sur de los Pirineos, donde aún día, el pueblo navarro se encuentra esclavo por la ocupación y la represión de las tropas invasoras españolas.
- Leyenda de San Miguel de Aralar. Nacida de un libro de Navarro Villoslada, "Amaia o los vascos del siglo VIII"
Uno de sus personajes, tras cometer un doble y atroz parricidio, se impone como castigo unas cadenas que traba a su cuerpo, castigándose a vagar las laderas de la sierra de Aralar, soportando tan colosal peso, hasta que las cadenas se rompan, liberándolo tras completar su castigo.
Al encadenado Teodosio de Goñi, en una gruta se le apareció un terrorífico dragón, temeroso por su vida suplicó a los cielos. Sus súplicas fueron escuchadas y apareció el arcángel San Miguel, quien mató al dragón. En ese instante las cadenas se rompieron y quedó en libertad, para así poder marchar a luchar junto al resto de vascones y crear el Reino de Pamplona o Navarra.
CUANDO LAS INSTITUCIONES DEFENDÍAN EL EUSKERA
Artículo de Pello Guerra en Naiz.
A lo largo de la historia, las diferentes instituciones vascas han defendido el euskara como uno de los principales patrimonios de Euskal Herria. Desde el Consejo del Reino de Nafarroa, hasta las juntas y diputaciones, durante siglos se ha promovido la presencia de funcionarios que conocieran la lengua del país para que la ciudadanía, mayoritariamente euskaldun, pudiera participar en cualquier acto administrativo y recibiera educación en euskara.
La defensa del euskara por parte de las instituciones vascas ha sido una constante a lo largo de los siglos. Así quedó en evidencia en las jornadas internacionales sobre “El euskara en las altas instituciones de gobierno a través de la historia” que se celebraron en la UPNA y de las que se han publicado recientemente sus actas en un libro con el mismo título.
Ese deseo de proteger y fomentar la lengua que hablaba la mayor parte de la población sobre la que gobernaban ya quedó patente en el siglo XVI. Mientras en la Nafarroa conquistada el euskara empezaba a ser perseguido por las autoridades españolas, en la parte del reino todavía independiente al norte de los Pirineos, los reyes de la dinastía Albret mostraban su sensibilidad hacia la lingua navarrorum. Así, en el Consejo Real, el conocimiento de la lengua vasca era «requisito indispensable para el desempeño de los principales oficios, como eran los de consejero y procurador general», al igual que el origen navarro, según señala el historiador Álvaro Adot. Esta norma se mantuvo vigente hasta 1624, cuando el citado órgano desapareció a consecuencia de la creación del Parlamento de Nafarroa durante el reinado de Luis XIII. En la nueva institución se suprimieron esos dos requisitos para formar parte de ella.
Ese modo de proceder del monarca formaba parte del proceso de integración de la Nafarroa independiente en Francia que había puesto en marcha el sucesor de Enrique III de Nafarroa y IV de Francia, y que puso fin al impulso que había recibido el euskara en ese territorio durante el gobierno de la dinastía Albret. En concreto, bajo su cetro se publicaron algunos de los primeros libros en lengua vasca, como el “Testamentu Berria” de Joanes de Leizarraga, que fue promovido por la misma reina Juana.
El texto de Leizarraga fue consecuencia de los nuevos tiempos que se vivían en el ámbito religioso. La Reforma propugnaba que las sagradas escrituras se tradujeran del latín a las lenguas vulgares para que el pueblo las pudiera entender. De esta manera se hacía patente una realidad lingüística que no se recogía de forma oficial, ya que la documentación de las distintas instituciones de esa época se recogía en latín, castellano, francés e incluso en occitano dependiendo de momentos y lugares, y donde no tenía espacio el euskara. Sin embargo, en la calle era la lengua predominante en la mayoría de los territorios, lo que exigía un proceso de traducción para que la población entendiera las decisiones de los distintos poderes.
Los sacerdotes como traductores. En este terreno de la mediación lingüística destacó el papel de los sacerdotes, ya que se manejaban en las dos lenguas. Al menos desde el siglo XIV, la Iglesia dispuso que «los fieles debían ser atendidos en su propio idioma. Por lo tanto, la casi totalidad de los curas, beneficiados y capellanes que ejercían en las comarcas vasco hablantes lo eran igualmente, independientemente de que además supiesen latín y castellano, o francés o gascón en su caso», según señala el historiador Juan Madariaga en la citada obra.
Aprovechando que el conjunto de la comunidad se reunía el domingo en la misa, los curas se encargaban de traducir al euskara y de dar a conocer desde el púlpito en esa lengua a sus feligreses disposiciones eclesiásticas y mandatos institucionales de las autoridades civiles (reales órdenes, mandatos de ayuntamientos sobre quemas de rastrojos, herencias, embargos, subastas...), para que nadie pudiera alegar ignorancia de los mismos. Esa mediación lingüística fue conocida como “publicata” y los sacerdotes cobraban de los ayuntamientos un promedio de unos 12 reales por año por las traducciones que tenían que ver con cuestiones relacionadas con las autoridades civiles. Este trabajo de traducción impulsado por los consistorios recurriendo a los sacerdotes se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX, cuando las autoridades eclesiásticas pusieron fin a esa práctica.
Otro ámbito en el que también las instituciones vascas tuvieron en cuenta el uso del euskara fue en el de la Administración de Justicia. Así, en el Fuero Nuevo de Bizkaia (1526) se establecía que en los procesos judiciales, los testigos «que no supieren la lengua castellana, los examine y tome con otro receptor e intérprete». Ese derecho a la utilización del euskara por parte de la población en los procesos se recogía también en el fuero de Gipuzkoa de 1696, la Novísima Recopilación de los fueros de Nafarroa, los cuadernos de hermandad de Araba y las recopilaciones de Lapurdi y Zuberoa, según detallan los expertos Iñigo Urrutia y Xabier Irujo.
Los receptores de los tribunales eran los encargados de recoger los testimonios de los testigos inmersos en procesos judiciales y por ese motivo, en los pueblos vascongados era fundamental que conocieran euskara. Esa circunstancia hacía que los aspirantes a desempeñar ese cargo «debían ser examinados y aprobados en lengua vasca», según señala el experto Roldán Jimeno.
Ese dominio del euskara era fundamental para evitar inexactitudes y fraudes que podían derivarse del uso de intérpretes. Por ese motivo, se establecieron dos turnos de receptores: los romanzados y los que dominaban el euskara además del castellano. En Nafarroa, los primeros tenían como ámbito de actuación desde Tafalla hacia el sur y los receptores euskaldunes, desde esa ciudad hasta el norte. La división generó más de una disputa entre receptores, ya que los romanzados se quejaban de que los euskaldunes tenían más territorio de trabajo.
Esta situación se rompió en el siglo XVIII a consecuencia del centralismo de los reyes borbónicos. En 1766 se prohibió la impresión en otras lenguas que no fuera el castellano, al año siguiente se obligó a una enseñanza monolingüe en esa lengua a todos los niveles y en 1778 se impusieron comisarios romanzados en los pueblos vascongados.
Pulso por la educación. En el ámbito de la educación, ese afán por controlar desde el Estado la enseñanza para imponer el castellano entre los euskaldunes supuso la aparición de la práctica del “anillo escolar”. Esta consistía en castigar a los alumnos que hablaban en euskara. Un anillo era entregado al estudiante que había sido sorprendido hablando en lengua vasca y este podía deshacerse de él denunciando a un compañero que también hubiera empleado el euskara, y así hasta terminar la jornada. El último que tenía el anillo era castigado.
El problema se fue agravando porque esta práctica llegó a extenderse incluso fuera de la escuela, lo que motivó quejas por parte de los ayuntamientos. En un intento por proteger el euskara, los consistorios hacían todo lo posible por conseguir profesores euskaldunes, a los que incluso se animaba a enseñar en las dos lenguas, buscando el bilingüismo.
Esta competencia municipal que protegió el euskara en la enseñanza se vio amenazada en el siglo XIX por la ley de instrucción pública (1857), ya que implantó la estatalización del profesorado, aunque las diputaciones consiguieron mitigar en parte ese problema, de forma que se mantuvo el bilingüismo en la educación, según recogen Urrutia e Irujo.
Unos años más tarde, el euskara incluso llegó a convertirse en la lengua vehicular de la enseñanza. Fue durante la Segunda Guerra Carlista (1872-1876) y en esa época, la lengua vasca fue el idioma oficial de la Administración en la zona controlada por los partidarios de Carlos VII. Así, las juntas de instrucción de Bizkaia y Gipuzkoa marcaron sendas directrices para promover la enseñanza en euskara.
Pero la derrota carlista supuso la supresión de los Fueros en las Vascongadas, lo que eliminó los mecanismos empleados hasta entonces como cortafuegos al intento de aplicar un régimen monolingüe en la enseñanza. Ante esa amenaza, las diputaciones de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa reaccionaron formando un frente común para seguir contando con profesores bilingües. A pesar de ello, desde Madrid se continuó con la política uniformadora en favor del castellano y se siguió empleando el denigrante método del “anillo escolar”.
Tan solo en tiempos de la Segunda República española y a través del Estatuto para Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, se recuperó el bilingüismo educativo, ya que el euskara se convirtió en lengua oficial en esos territorios junto al castellano. Pero la Guerra del 36 y la posterior dictadura franquista pusieron fin a esa situación, que se equiparó a la ya existente en Nafarroa.
Tras la muerte de Franco, llegarían el Estatuto de Gernika para la CAV (1979) y el Amejoramiento para Nafarroa (1982). En el primero de ellos, el euskara volvía a ser lengua oficial en ese territorio, mientras que en el caso navarro, tan solo se daba carácter oficial a ese idioma en las zonas vascófonas, cuestión que quedó regulada por la Ley del Vascuence de 1986, en la que se establecía la actual zonificación del herrialde.
A lo largo de la historia, las diferentes instituciones vascas han defendido el euskara como uno de los principales patrimonios de Euskal Herria. Desde el Consejo del Reino de Nafarroa, hasta las juntas y diputaciones, durante siglos se ha promovido la presencia de funcionarios que conocieran la lengua del país para que la ciudadanía, mayoritariamente euskaldun, pudiera participar en cualquier acto administrativo y recibiera educación en euskara.
La defensa del euskara por parte de las instituciones vascas ha sido una constante a lo largo de los siglos. Así quedó en evidencia en las jornadas internacionales sobre “El euskara en las altas instituciones de gobierno a través de la historia” que se celebraron en la UPNA y de las que se han publicado recientemente sus actas en un libro con el mismo título.
Ese deseo de proteger y fomentar la lengua que hablaba la mayor parte de la población sobre la que gobernaban ya quedó patente en el siglo XVI. Mientras en la Nafarroa conquistada el euskara empezaba a ser perseguido por las autoridades españolas, en la parte del reino todavía independiente al norte de los Pirineos, los reyes de la dinastía Albret mostraban su sensibilidad hacia la lingua navarrorum. Así, en el Consejo Real, el conocimiento de la lengua vasca era «requisito indispensable para el desempeño de los principales oficios, como eran los de consejero y procurador general», al igual que el origen navarro, según señala el historiador Álvaro Adot. Esta norma se mantuvo vigente hasta 1624, cuando el citado órgano desapareció a consecuencia de la creación del Parlamento de Nafarroa durante el reinado de Luis XIII. En la nueva institución se suprimieron esos dos requisitos para formar parte de ella.
Ese modo de proceder del monarca formaba parte del proceso de integración de la Nafarroa independiente en Francia que había puesto en marcha el sucesor de Enrique III de Nafarroa y IV de Francia, y que puso fin al impulso que había recibido el euskara en ese territorio durante el gobierno de la dinastía Albret. En concreto, bajo su cetro se publicaron algunos de los primeros libros en lengua vasca, como el “Testamentu Berria” de Joanes de Leizarraga, que fue promovido por la misma reina Juana.
El texto de Leizarraga fue consecuencia de los nuevos tiempos que se vivían en el ámbito religioso. La Reforma propugnaba que las sagradas escrituras se tradujeran del latín a las lenguas vulgares para que el pueblo las pudiera entender. De esta manera se hacía patente una realidad lingüística que no se recogía de forma oficial, ya que la documentación de las distintas instituciones de esa época se recogía en latín, castellano, francés e incluso en occitano dependiendo de momentos y lugares, y donde no tenía espacio el euskara. Sin embargo, en la calle era la lengua predominante en la mayoría de los territorios, lo que exigía un proceso de traducción para que la población entendiera las decisiones de los distintos poderes.
Los sacerdotes como traductores. En este terreno de la mediación lingüística destacó el papel de los sacerdotes, ya que se manejaban en las dos lenguas. Al menos desde el siglo XIV, la Iglesia dispuso que «los fieles debían ser atendidos en su propio idioma. Por lo tanto, la casi totalidad de los curas, beneficiados y capellanes que ejercían en las comarcas vasco hablantes lo eran igualmente, independientemente de que además supiesen latín y castellano, o francés o gascón en su caso», según señala el historiador Juan Madariaga en la citada obra.
Aprovechando que el conjunto de la comunidad se reunía el domingo en la misa, los curas se encargaban de traducir al euskara y de dar a conocer desde el púlpito en esa lengua a sus feligreses disposiciones eclesiásticas y mandatos institucionales de las autoridades civiles (reales órdenes, mandatos de ayuntamientos sobre quemas de rastrojos, herencias, embargos, subastas...), para que nadie pudiera alegar ignorancia de los mismos. Esa mediación lingüística fue conocida como “publicata” y los sacerdotes cobraban de los ayuntamientos un promedio de unos 12 reales por año por las traducciones que tenían que ver con cuestiones relacionadas con las autoridades civiles. Este trabajo de traducción impulsado por los consistorios recurriendo a los sacerdotes se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX, cuando las autoridades eclesiásticas pusieron fin a esa práctica.
Otro ámbito en el que también las instituciones vascas tuvieron en cuenta el uso del euskara fue en el de la Administración de Justicia. Así, en el Fuero Nuevo de Bizkaia (1526) se establecía que en los procesos judiciales, los testigos «que no supieren la lengua castellana, los examine y tome con otro receptor e intérprete». Ese derecho a la utilización del euskara por parte de la población en los procesos se recogía también en el fuero de Gipuzkoa de 1696, la Novísima Recopilación de los fueros de Nafarroa, los cuadernos de hermandad de Araba y las recopilaciones de Lapurdi y Zuberoa, según detallan los expertos Iñigo Urrutia y Xabier Irujo.
Los receptores de los tribunales eran los encargados de recoger los testimonios de los testigos inmersos en procesos judiciales y por ese motivo, en los pueblos vascongados era fundamental que conocieran euskara. Esa circunstancia hacía que los aspirantes a desempeñar ese cargo «debían ser examinados y aprobados en lengua vasca», según señala el experto Roldán Jimeno.
Ese dominio del euskara era fundamental para evitar inexactitudes y fraudes que podían derivarse del uso de intérpretes. Por ese motivo, se establecieron dos turnos de receptores: los romanzados y los que dominaban el euskara además del castellano. En Nafarroa, los primeros tenían como ámbito de actuación desde Tafalla hacia el sur y los receptores euskaldunes, desde esa ciudad hasta el norte. La división generó más de una disputa entre receptores, ya que los romanzados se quejaban de que los euskaldunes tenían más territorio de trabajo.
Esta situación se rompió en el siglo XVIII a consecuencia del centralismo de los reyes borbónicos. En 1766 se prohibió la impresión en otras lenguas que no fuera el castellano, al año siguiente se obligó a una enseñanza monolingüe en esa lengua a todos los niveles y en 1778 se impusieron comisarios romanzados en los pueblos vascongados.
Pulso por la educación. En el ámbito de la educación, ese afán por controlar desde el Estado la enseñanza para imponer el castellano entre los euskaldunes supuso la aparición de la práctica del “anillo escolar”. Esta consistía en castigar a los alumnos que hablaban en euskara. Un anillo era entregado al estudiante que había sido sorprendido hablando en lengua vasca y este podía deshacerse de él denunciando a un compañero que también hubiera empleado el euskara, y así hasta terminar la jornada. El último que tenía el anillo era castigado.
El problema se fue agravando porque esta práctica llegó a extenderse incluso fuera de la escuela, lo que motivó quejas por parte de los ayuntamientos. En un intento por proteger el euskara, los consistorios hacían todo lo posible por conseguir profesores euskaldunes, a los que incluso se animaba a enseñar en las dos lenguas, buscando el bilingüismo.
Esta competencia municipal que protegió el euskara en la enseñanza se vio amenazada en el siglo XIX por la ley de instrucción pública (1857), ya que implantó la estatalización del profesorado, aunque las diputaciones consiguieron mitigar en parte ese problema, de forma que se mantuvo el bilingüismo en la educación, según recogen Urrutia e Irujo.
Unos años más tarde, el euskara incluso llegó a convertirse en la lengua vehicular de la enseñanza. Fue durante la Segunda Guerra Carlista (1872-1876) y en esa época, la lengua vasca fue el idioma oficial de la Administración en la zona controlada por los partidarios de Carlos VII. Así, las juntas de instrucción de Bizkaia y Gipuzkoa marcaron sendas directrices para promover la enseñanza en euskara.
Pero la derrota carlista supuso la supresión de los Fueros en las Vascongadas, lo que eliminó los mecanismos empleados hasta entonces como cortafuegos al intento de aplicar un régimen monolingüe en la enseñanza. Ante esa amenaza, las diputaciones de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa reaccionaron formando un frente común para seguir contando con profesores bilingües. A pesar de ello, desde Madrid se continuó con la política uniformadora en favor del castellano y se siguió empleando el denigrante método del “anillo escolar”.
Tan solo en tiempos de la Segunda República española y a través del Estatuto para Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, se recuperó el bilingüismo educativo, ya que el euskara se convirtió en lengua oficial en esos territorios junto al castellano. Pero la Guerra del 36 y la posterior dictadura franquista pusieron fin a esa situación, que se equiparó a la ya existente en Nafarroa.
Tras la muerte de Franco, llegarían el Estatuto de Gernika para la CAV (1979) y el Amejoramiento para Nafarroa (1982). En el primero de ellos, el euskara volvía a ser lengua oficial en ese territorio, mientras que en el caso navarro, tan solo se daba carácter oficial a ese idioma en las zonas vascófonas, cuestión que quedó regulada por la Ley del Vascuence de 1986, en la que se establecía la actual zonificación del herrialde.
jueves, 27 de octubre de 2016
ORIGEN DEL ANTINABARRISMO
Iñigo Saldise Alda escribe sobre soberanismo nabarro.
26/10/2013
Origen
del antinabarrismo
El
nabarrismo es una opción política, de carácter patriótico, que está basada en
una defensa a ultranza de la soberanía y libertad del Estado de Nabarra. Unido
a su vez a una defensa de las diferentes culturas y lenguas de los pueblos que
forman la Nación Nabarra, incentivando la cultura y lengua primogénita, que no
es otra que la vascona.
Dicho
esto, podemos afirmar sin ningún tipo de rubor, que el antinabarrismo es todo
lo contrario. Además, como pretendemos con este escrito, lo consideramos una
parte importante y necesaria en las labores esclavistas que el colonialismo
español y francés ejerce sobre los nabarros, sin olvidarnos un colonialismo más
oscuro, el religioso del Cristianismo Católico.
Bien,
una de las grandes cualidades que han tenido y también tienen los imperialismos
en la actualidad, lógicamente entre ellos están incluidos tanto el español como
el francés, es la de conseguir darle la vuelta a todas las situaciones que les
señalan e incluso les inculpan ante la opinión política y jurídica mundial.
Normalmente se colocan siempre en el lado de una supuesta democracia, de una
inexistente humanidad y por supuesto de una imaginaria justicia, siendo todas
ellas innegablemente ficticias, engañosas y falsarias, pudiéndose incluso
definir como de política infame y siniestra contra la humanidad,
concluyentemente carente de toda veracidad histórica.
Todos
los Estados imperialistas tienen como primera premisa, una vez llevadas a cabo
las violentas e ilegales invasiones y ocupaciones, una vez no logrado el
objetivo del exterminio, el conseguir la total o absoluta colonización y sumisión
de los nativos, aborígenes o personas originarias del lugar, que son finalmente
los naturales y dueños del Territorio, País o Estado conquistado.
Los
imperios persiguen por todos sus medios, sin importarles lo más mínimo que
estos sean violentos e ilegales, que sean los propios colonizados los que
renieguen de su pasado en libertad, aceptando con ello su triste situación de
ocupación y sometimiento.
Concretando
en el imperialismo español y francés, legitimados desde el Vaticano, incluso
han conseguido que la mayoría de los nabarros se puedan sentir hoy día cuales
hombres libres, mostrando ante la opinión mundial la posibilidad de participar
en unas elecciones con las cuales finalmente legitiman sus imperios y nuestra
indudable situación colonial.
Muchos
nabarros son incapaces de apreciar las cadenas que les tienen prisioneros,
sometidos, subordinados y sumisos cuales esclavos. Esta labor colonizadora ha
llegado a tal extremo, que los
imperialistas españoles y franceses muestran incluso en símbolos patrios
originarios de los nabarros dichas cadenas, eso sí, una vez manipulas y
transformadas en beneficio de su engañosa y frágil unidad imperial. Una unidad
innegablemente forzada y ciertamente nunca pactada, al menos en el caso
nabarro, ya que fue realizada a través de diversas acciones violentas e
ilegales de las armas.
Esta
sensación de una supuesta libertad, de esa sensación engañosa y falsa en los
naturales del Territorio, País o Estado Nabarro, está palpablemente ligada a la
semilla colonialista española y francesa, necesaria al fin a cabo para el
surgimiento del movimiento antinabarrista. Este principio político directamente
contrario al nabarrismo, cuya iniciación es indudablemente de índole colonial,
hunde sus raíces tras las primeras acciones armadas llevadas a cabo por los
vecinos imperialistas de nuestro Estado, aunque Goñi Gaztambide lo sitúa
incluso antes, concretamente en el asentamiento en tierras nabarras de nuevos
núcleos de población franca y extranjera, con exclusión explícita de los
naturales del País, los vascones libres o nabarros.
Hay
incluso quien señala directamente a los monjes franceses de Cluny y de las
Órdenes Militares Cristianas, quienes se encargaron de cambiar el Camino
nabarro a Santiago, por el Camino francés, incentivando de paso el arte con
esencia visigótica-hispánica-mozárabe en esa corriente clunianense reformista y
gregoriana, con la introducción de la liturgia romana. Esto ocurrió durante el
reinado Sancho Ramírez de Pamplona y Aragón.
El
antinabarrismo de la Orden de Cluny quedó finalmente claro en el año 1076,
cuando sin legitimidad política alguna, otorga el monasterio de Naiara-Nájera
al emperador Alfonso VI de León y Castilla. Dicho templo fue fundado como Santa
María la Real por el rey García Sánchez III de Pamplona y Aragón, y que había
servido desde su consagración o fundación como panteón Real de Nabarra. La
propaganda procastellana y antinabarra se potencia tras el año 1076 en dicho
monasterio, siendo una pieza clave de ello la conocida como Crónica Najeriense.
Esto
se da en otros monasterios, los cuales tras la forzada y violentada
desmembración territorial de Nabarra tras la muerte de Alfonso I de Pamplona y
Aragón, se posicionan con mayor o menor rapidez del lado antinabarro, es decir,
del lado del invasor y colonizador extranjero de turno.
No
podemos olvidar el antibarrismo con el cual actuaron los diferentes tenentes o
funcionaros del Estado nabarro, al posicionarse con los distintos invasores y
colonizadores, contando con el pago de títulos nobiliarios extranjeros, todos
ellos siendo además de carácter hereditario y cuantiosas rentas personales.
Hoy
día sigue vigente el antinabarrismo en muchos sectores de nuestra sociedad a lo
largo y ancho de nuestro total y legítimo territorio. Incluso hay muchas
variantes del mismo, las cuales merecen un análisis más exhaustivo y profundo,
pero teniendo presente siempre las cusas de su origen que son la injerencia de
agentes políticos, militares e incluso religiosos ajenos a los naturales del
País; las ilegales invasiones y ocupaciones de nuestra Tierra por ejércitos
extranjeros que dieron paso a la colonización, junto a la traición de
importantes funcionarios del Estado nabarro para su beneficio personal y el de
los imperios o Estados ajenos a los naturales del País y a todos aquellos
pueblos que conviven con respeto y compromiso nabarro con los vascones del
siglo XXI o vascos de esta parte de Europa.
En
el ejemplo del esclavo negro de las américas es incomprensible pensar, que no
se sintiera esclavo o que le pidiera permiso al amo para que le diera la
libertad.
Pero
en el caso de la tribu vasca, con la ayuda de algunos autóctonos, lo
inimaginable se hace realidad y el colonizador consigue que estemos cargando
con las culpas por años de resistencia armada. Este conflicto armado, según el
imaginario del ocupante, solo tuvo un agente, un grupo de descerebrados que por
gusto y esquizofrenia colectiva, se dedicaban a poner bombas y a matar a niños.
Nunca hubo dos bandos en esta guerra, solo terroristas y un estado llamado de
derecho, que se defendía de la barbarie.
Los
soldados del reino portaban flores en sus fusiles y repartían caramelos
escritos en euskera entre los niños vasquitos, para luego hablar en castellano
durante los recreos.
Cientos
de frases diseñadas en las universidades españolas para hacer que nos sintamos
culpables, para culpabilizar a todo un pueblo por su resistencia y por su
ocupación.
Pues
los navarros decimos que una mierda y recordamos al héroe Escocés William
Wallas y os exigimos a los españoles lo mismo que el hizo con los Ingleses en
1297 en la Batalla de Stirling 97 años después de la conquista de Vitoria y el
resto de la Navarra Occidental, “ no os pedimos, os exigimos que abandonéis de
inmediato las tierras navarras y en vuestra retirada tendréis que ir pidiendo
perdón uno por uno, a todos los navarros, por siglos de saqueos, violaciones y
torturas por parte de vuestro reino”.
Como
país que fue conquistado, los navarros no olvidamos ni perdonamos hasta que
consigamos la libertad. No aceptamos procesos de paz con los enemigos, hasta
que seamos de nuevo un estado y firmemos dicha paz. No reconocemos ningún
tratado ni ponencia de paz, que haya sido firmada por los mal llamados
representantes políticos vascos, el único sujeto legalmente capaz para firmar
dicha Paz, será el pueblo navarro y su gobierno democráticamente elegido.
Los
Navarros tenemos nuestro estado, que pese a estar ocupado por dos potencias
extranjeras, nos da los razonamientos legítimos para poder hablar así, como
estatalistas, como defensores de nuestro pueblo, nuestra cultura y nuestro
ordenamiento jurídico pirenaico.
http://www.astekaridigitala.net/noticiasDetalle.asp?tm=5&sb=21&id=32712
domingo, 23 de octubre de 2016
¿QUE TIENE QUE OFRECER NABARRA-NAFARROA-NAVARRA AL MUNDO?
POR GAIZKA BASALDUA SAUTO
Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario que un pueblo disuelva los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tome entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la secesión.
Nosotros no somos las 13 colonias británicas norteamericanas que en 1776 declararon su independencia. Nuestros condicionantes, nuestras circunstancias, y las motivaciones que nos mueven pueden perfectamente no parecerse en nada a las de los denominados padres fundadores. Pero llegado el caso, al igual que ellos deberemos hacer exposición clara de lo que nos mueve, de lo que nos impulsa a pedir libertad sin ambages. Y eso será justo.
No nos mueve ni la codicia ni las ansias de poder. Los que hoy nos reunimos no pretendemos sino la mejora de la vida de nuestros congéneres, de nuestros conciudadanos. Y lo pretendemos sin entorpecer la existencia de nadie. No estamos aquí para restar sino para sumar. Para que aquellos que quieran sumar puedan hacerlo. Pero sin obligar.
Se está obligando a demasiadas cosas, de forma demasiado rápida, y sin atender demasiado al bienestar de la gente. La cuerda se está tensando y terminará por golpear a alguien en la cara. Godfrey Bloom, europarlamentario británico del UKIP exponía en la Eurocámara que aquellos que nos gobiernan están jugando con nosotros, que viven con soltura y sin preocuparse por nada mientras que el ciudadano de a pie mira impertérrito. Pero les advirtió de que en el momento en el que los ciudadanos se dieran cuenta de la realidad asaltarían la cámara enfurecidos para colgarlos a todos, y que tendrían razón.
En Ucrania avanza el nazismo, el Imperio Ruso sigue mecido por la mano del gangsterismo, EEUU se atrinchera en el miedo y mientras tanto la Vieja Europa languidece, sin rumbo, como una voz que se apaga en la noche.
¿Y qué hace la gente? ¿Se puede decir que la gente esté apática? Yo más bien diría que la gente está sedienta. Sedienta de nuevos paradigmas en los que pueda votar, organizar, dar forma, construir, definir, estructurar, trabajar, cooperar, orquestar, ser parte activa o pueda delegar de forma activa. Queremos más que nunca ser capaces de gestionar nuestra libertad. Decir hasta dónde queremos ejercerla sin que nos pongan cortapisas.
Queremos, por qué no decirlo, decidir. Decidir qué se hace con un tren de alta velocidad, qué se hace con una autopista, qué se hace con los medios de producción eléctrica, qué se hace con el sistema financiero, qué se hace con los medios productivos, con la producción agrícola, qué se hace con un representante que se mofa de sus promesas y se vende a poderes extranjeros y sombríos, poderes sin rostro. Queremos decidir qué se hace con nuestro estado. Con Nabarra, nuestro estado conquistado.
Cuando se habla del derecho a decidir enseguida sintonizamos la radio con el debate independentista, cuando sólo en parte tiene que ver con ello. En realidad, el derecho a decidir es algo mucho más pequeño, más sencillo, más primario. El derecho a decidir es la base de la libertad, y cuando éste es negado se convierte en la base de la rebelión, que según La Fayette era el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.
En esta encrucijada, la lucha por la vuelta a la independencia del estado de Nabarra es una lucha por la libertad y por el derecho a decidir, una lucha para recobrar el control de nuestros destinos que nos ha sido robado y ultrajado, no sólo a los vascos, sino también a los castellanos, a los aragoneses, a los riojanos, a los pasiegos, a los gascones, a los extremeños y manchegos que habitan el viejo reino, todos ellos navarros por derecho de sangre y suelo
.
No se reclama la independencia de Nabarra por que sí. No somos arlotes que se juntan porque no tienen nada mejor que hacer. La independencia de Nabarra tiene un fin concreto que es la mejora de la vida de la gente y toda su administración debe tener como objetivo único dicha meta. El espíritu conciliador del edicto de Nantes no hace sino reflejar la idiosincrasia de su precursor, Enrique de Nabarra y del ser navarro en general. “Una gallina en las ollas de todos los campesinos”. No estaría mal que viendo el percal, empezáramos por ahí. Aunque sin duda tendríamos muchos frentes entre los que elegir un comienzo.
Se decía de Esparta que sus murallas eran los escudos de sus espartiatas y sus fronteras las puntas de sus lanzas. En una sociedad de la antigüedad como era la de las poleis griegas e incluso hasta hace no demasiados años, los estados se construían a golpe de mandoble y a paso de ganso. En la sociedad del siglo XXI no se debería reconstruir ningún estado ni obligar a ninguna sociedad (caso de la navarra) a ser parte de un estado por la fuerza de las armas. Las herramientas de que disponemos son mucho más sutiles, no requieren del sufrimiento ni de la muerte, y sin embargo pueden ser realmente poderosas. El ejemplo espartano es interesante por lo sutil y amoldable.
En el caso de la definición del territorio navarro tenemos claro cuál ha sido la extensión máxima de Nabarra en su historia. ¿Quiere esto decir que ésa debe ser la extensión del estado? Obviamente no, es un marco en el cual nos movemos para poder reconocer unos derechos pero en ningún momento es principio y fin. Las fronteras de Nabarra no serán definidas por un mapa, ni por la punta de nuestras lanzas, sino por la libre decisión de sus ciudadanos, los cuales, rompiendo con marcos impuestos, sean los de las provincias españolas o los de un muy mal entendido “zazpiak bat” deberán pronunciarse y proclamarse como navarros, como miembros del estado navarro.
Y en su defensa no será necesario que construyan murallas pues su escudo será todo un corpus legal ya existente desde la edad media que una vez actualizado a los tiempos podrá dar voz, decisión y libertad a los ciudadanos. Pieza central de la organización política y social, en los Fueros encontramos la herramienta clave para la articulación de los esfuerzos de la sociedad.
A través del ejercicio del derecho a decidir y teniendo claro que ya teníamos nuestras propias leyes que no han sido sino pervertidas durante 800 años, no nos queda sino plantarnos y decir que basta. Que basta de conquista, que basta de atropellos, que basta de no poder decidir nuestro futuro. Que queremos organizarnos en asambleas municipales, comarcales, provinciales y estatales. A través bien sea de la participación activa o de la delegación activa.
Ver a través de ello que nos podemos entender, que podemos convivir seamos de la etnia que seamos o de la ideología que seamos, que podemos conseguir el bien común, que no somos unos zotes a los que hay que decir qué es lo bueno y qué es lo malo porque tenemos discernimiento propio y concienzudo, y que podemos conseguir la liberación de las mentes de los ciudadanos.
Al igual que Churchill no tenemos nada más que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, y cuando nos pregunten, ¿qué tiene que ofrecer Nabarra al mundo? Podremos decir, libertad.
Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario que un pueblo disuelva los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tome entre las naciones de la Tierra el puesto separado e igual al que las leyes de la naturaleza y del Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la secesión.
Nosotros no somos las 13 colonias británicas norteamericanas que en 1776 declararon su independencia. Nuestros condicionantes, nuestras circunstancias, y las motivaciones que nos mueven pueden perfectamente no parecerse en nada a las de los denominados padres fundadores. Pero llegado el caso, al igual que ellos deberemos hacer exposición clara de lo que nos mueve, de lo que nos impulsa a pedir libertad sin ambages. Y eso será justo.
No nos mueve ni la codicia ni las ansias de poder. Los que hoy nos reunimos no pretendemos sino la mejora de la vida de nuestros congéneres, de nuestros conciudadanos. Y lo pretendemos sin entorpecer la existencia de nadie. No estamos aquí para restar sino para sumar. Para que aquellos que quieran sumar puedan hacerlo. Pero sin obligar.
Se está obligando a demasiadas cosas, de forma demasiado rápida, y sin atender demasiado al bienestar de la gente. La cuerda se está tensando y terminará por golpear a alguien en la cara. Godfrey Bloom, europarlamentario británico del UKIP exponía en la Eurocámara que aquellos que nos gobiernan están jugando con nosotros, que viven con soltura y sin preocuparse por nada mientras que el ciudadano de a pie mira impertérrito. Pero les advirtió de que en el momento en el que los ciudadanos se dieran cuenta de la realidad asaltarían la cámara enfurecidos para colgarlos a todos, y que tendrían razón.
En Ucrania avanza el nazismo, el Imperio Ruso sigue mecido por la mano del gangsterismo, EEUU se atrinchera en el miedo y mientras tanto la Vieja Europa languidece, sin rumbo, como una voz que se apaga en la noche.
¿Y qué hace la gente? ¿Se puede decir que la gente esté apática? Yo más bien diría que la gente está sedienta. Sedienta de nuevos paradigmas en los que pueda votar, organizar, dar forma, construir, definir, estructurar, trabajar, cooperar, orquestar, ser parte activa o pueda delegar de forma activa. Queremos más que nunca ser capaces de gestionar nuestra libertad. Decir hasta dónde queremos ejercerla sin que nos pongan cortapisas.
Queremos, por qué no decirlo, decidir. Decidir qué se hace con un tren de alta velocidad, qué se hace con una autopista, qué se hace con los medios de producción eléctrica, qué se hace con el sistema financiero, qué se hace con los medios productivos, con la producción agrícola, qué se hace con un representante que se mofa de sus promesas y se vende a poderes extranjeros y sombríos, poderes sin rostro. Queremos decidir qué se hace con nuestro estado. Con Nabarra, nuestro estado conquistado.
Cuando se habla del derecho a decidir enseguida sintonizamos la radio con el debate independentista, cuando sólo en parte tiene que ver con ello. En realidad, el derecho a decidir es algo mucho más pequeño, más sencillo, más primario. El derecho a decidir es la base de la libertad, y cuando éste es negado se convierte en la base de la rebelión, que según La Fayette era el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes.
En esta encrucijada, la lucha por la vuelta a la independencia del estado de Nabarra es una lucha por la libertad y por el derecho a decidir, una lucha para recobrar el control de nuestros destinos que nos ha sido robado y ultrajado, no sólo a los vascos, sino también a los castellanos, a los aragoneses, a los riojanos, a los pasiegos, a los gascones, a los extremeños y manchegos que habitan el viejo reino, todos ellos navarros por derecho de sangre y suelo
.
No se reclama la independencia de Nabarra por que sí. No somos arlotes que se juntan porque no tienen nada mejor que hacer. La independencia de Nabarra tiene un fin concreto que es la mejora de la vida de la gente y toda su administración debe tener como objetivo único dicha meta. El espíritu conciliador del edicto de Nantes no hace sino reflejar la idiosincrasia de su precursor, Enrique de Nabarra y del ser navarro en general. “Una gallina en las ollas de todos los campesinos”. No estaría mal que viendo el percal, empezáramos por ahí. Aunque sin duda tendríamos muchos frentes entre los que elegir un comienzo.
Se decía de Esparta que sus murallas eran los escudos de sus espartiatas y sus fronteras las puntas de sus lanzas. En una sociedad de la antigüedad como era la de las poleis griegas e incluso hasta hace no demasiados años, los estados se construían a golpe de mandoble y a paso de ganso. En la sociedad del siglo XXI no se debería reconstruir ningún estado ni obligar a ninguna sociedad (caso de la navarra) a ser parte de un estado por la fuerza de las armas. Las herramientas de que disponemos son mucho más sutiles, no requieren del sufrimiento ni de la muerte, y sin embargo pueden ser realmente poderosas. El ejemplo espartano es interesante por lo sutil y amoldable.
En el caso de la definición del territorio navarro tenemos claro cuál ha sido la extensión máxima de Nabarra en su historia. ¿Quiere esto decir que ésa debe ser la extensión del estado? Obviamente no, es un marco en el cual nos movemos para poder reconocer unos derechos pero en ningún momento es principio y fin. Las fronteras de Nabarra no serán definidas por un mapa, ni por la punta de nuestras lanzas, sino por la libre decisión de sus ciudadanos, los cuales, rompiendo con marcos impuestos, sean los de las provincias españolas o los de un muy mal entendido “zazpiak bat” deberán pronunciarse y proclamarse como navarros, como miembros del estado navarro.
Y en su defensa no será necesario que construyan murallas pues su escudo será todo un corpus legal ya existente desde la edad media que una vez actualizado a los tiempos podrá dar voz, decisión y libertad a los ciudadanos. Pieza central de la organización política y social, en los Fueros encontramos la herramienta clave para la articulación de los esfuerzos de la sociedad.
A través del ejercicio del derecho a decidir y teniendo claro que ya teníamos nuestras propias leyes que no han sido sino pervertidas durante 800 años, no nos queda sino plantarnos y decir que basta. Que basta de conquista, que basta de atropellos, que basta de no poder decidir nuestro futuro. Que queremos organizarnos en asambleas municipales, comarcales, provinciales y estatales. A través bien sea de la participación activa o de la delegación activa.
Ver a través de ello que nos podemos entender, que podemos convivir seamos de la etnia que seamos o de la ideología que seamos, que podemos conseguir el bien común, que no somos unos zotes a los que hay que decir qué es lo bueno y qué es lo malo porque tenemos discernimiento propio y concienzudo, y que podemos conseguir la liberación de las mentes de los ciudadanos.
Al igual que Churchill no tenemos nada más que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, y cuando nos pregunten, ¿qué tiene que ofrecer Nabarra al mundo? Podremos decir, libertad.
martes, 23 de agosto de 2016
IPARRALDE : ZONA NORTE EN EUSKERA
Eneko del Castillo
Blog Nabarlur
Erroneamente se le llama así únicamente a la parte euskaldun del Estado francés (Pays Basque). Al llamar de esa manera a una parte del país se le priva de su verdadero nombre (como pasa en el antiguo reino de Valencia a la que se llama Levante "español").
Históricamente ha sido parte de las provincias de Aquitania, Novempopulania, Vasconia, Wasconia, Gasconia, Guiena... Y pertenecido a tres reinos o estados Navarra, Inglaterra y Francia.
En la Edad Media, "iparralde" se denominaba "Tierra de bascos" y estaba conformado por varios vizcondados y señoríos: Lapurdi, Agramont, Amikuze, Oztibarre, Baigorri, Arberoa, Garazi, Zuberoa... que dependían del señor de Vasconia y del rey de Navarra. La llegada de los ingleses supuso la pérdida de Lapurdi (1177) y Zuberoa (1261).
Tras la conquista francesa en 1620 de la parte de Navarra que continuó independiente desde 1527 pasó a llamarse baja Navarra y con Bearne se hizo una provincia: Basse Navarre et Bearn. Lapurdi continuó en la provincia de Guienne et Gascogne. El valle de Soule o Zuberoa alternó la pertenencia a estas dos provincias.
Tras la revolución francesa estos territorios (que no provincias) pertenecen al departamento de Bajos Pirineos, hoy Pirineos Atlánticos.
Sin embargo el nombre de "iparralde" también pertenece a Bizkaia, Gipuzkoa y otras partes del país que como muestro en el mapa están en la vertiente cantábrica, es decir, la parte cuyos ríos vierten sus aguas al mar cantábrico.
Blog Nabarlur
Erroneamente se le llama así únicamente a la parte euskaldun del Estado francés (Pays Basque). Al llamar de esa manera a una parte del país se le priva de su verdadero nombre (como pasa en el antiguo reino de Valencia a la que se llama Levante "español").
Históricamente ha sido parte de las provincias de Aquitania, Novempopulania, Vasconia, Wasconia, Gasconia, Guiena... Y pertenecido a tres reinos o estados Navarra, Inglaterra y Francia.
En la Edad Media, "iparralde" se denominaba "Tierra de bascos" y estaba conformado por varios vizcondados y señoríos: Lapurdi, Agramont, Amikuze, Oztibarre, Baigorri, Arberoa, Garazi, Zuberoa... que dependían del señor de Vasconia y del rey de Navarra. La llegada de los ingleses supuso la pérdida de Lapurdi (1177) y Zuberoa (1261).
Tras la conquista francesa en 1620 de la parte de Navarra que continuó independiente desde 1527 pasó a llamarse baja Navarra y con Bearne se hizo una provincia: Basse Navarre et Bearn. Lapurdi continuó en la provincia de Guienne et Gascogne. El valle de Soule o Zuberoa alternó la pertenencia a estas dos provincias.
Tras la revolución francesa estos territorios (que no provincias) pertenecen al departamento de Bajos Pirineos, hoy Pirineos Atlánticos.
Sin embargo el nombre de "iparralde" también pertenece a Bizkaia, Gipuzkoa y otras partes del país que como muestro en el mapa están en la vertiente cantábrica, es decir, la parte cuyos ríos vierten sus aguas al mar cantábrico.
lunes, 15 de agosto de 2016
PERDIMOS NUESTRO DESTINO, AL PERDER NUESTRO ESTADO,NABARRA
Gaizka Basaldua Sauto
Perder nuestro estado supuso perder las riendas de nuestro destino. En la política internacional, en las relaciones comerciales y diplomáticas, en todo dependeríamos de España hasta el día de hoy.
La pérdida de nuestro Estado trajo consigo una eterna lucha para mantener nuestro estilo de vida, nuestras costumbres. Y no hablamos sólo de algo cultural. Hablamos de Derechos y Libertades. Los Fueros.
Mientras que Navarra fue independiente las leyes de todos los navarros, los Fueros, se mantuvieron en vigor en los territorios conquistados. No sólo por ser lo normal en la fecha, sino porque una revocación de los Fueros podía traer consigo la rebelión tanto de nobles como de gentes del común, volviendo en consecuencia esos territorios al Estado de Navarra que sí garantizaba sus derechos y libertades. Mantener los usos y costumbres del lugar inalterables fue una forma de granjearse la lealtad de los conquistados hacia los conquistadores. Incluso una vez que toda Navarra fue conquistada los fueros se mantuvieron, por un lado por ser lo propio de la forma de pensar de la época que no tendía a la uniformización, pero sobre todo porque se temía una rebelión. Y no era para menos. Los ataques reiterados a los fueros trajeron consigo las "matxinadas" de los siglos XVII y XVIII y la Zamacolada, estuvieron en el germen de la Primera Guerra Carlista, y España no paró hasta eliminarlos por completo en 1876 tras una Tercera Guerra Carlista.
Perder nuestro estado supuso perder las riendas de nuestro destino. En la política internacional, en las relaciones comerciales y diplomáticas, en todo dependeríamos de España hasta el día de hoy.
La pérdida de nuestro Estado trajo consigo una eterna lucha para mantener nuestro estilo de vida, nuestras costumbres. Y no hablamos sólo de algo cultural. Hablamos de Derechos y Libertades. Los Fueros.
Mientras que Navarra fue independiente las leyes de todos los navarros, los Fueros, se mantuvieron en vigor en los territorios conquistados. No sólo por ser lo normal en la fecha, sino porque una revocación de los Fueros podía traer consigo la rebelión tanto de nobles como de gentes del común, volviendo en consecuencia esos territorios al Estado de Navarra que sí garantizaba sus derechos y libertades. Mantener los usos y costumbres del lugar inalterables fue una forma de granjearse la lealtad de los conquistados hacia los conquistadores. Incluso una vez que toda Navarra fue conquistada los fueros se mantuvieron, por un lado por ser lo propio de la forma de pensar de la época que no tendía a la uniformización, pero sobre todo porque se temía una rebelión. Y no era para menos. Los ataques reiterados a los fueros trajeron consigo las "matxinadas" de los siglos XVII y XVIII y la Zamacolada, estuvieron en el germen de la Primera Guerra Carlista, y España no paró hasta eliminarlos por completo en 1876 tras una Tercera Guerra Carlista.
Eliminaron nuestra libertad, cercenaron nuestros derechos. ¿Qué nos
queda de aquél Estado perdido? Cuando nos hablan del Concierto económico
nos hablan de un privilegio. Pero no es sino el último vestigio de
nuestro pasado independiente. El pasado de una sociedad que durante
siglos se mantuvo independiente, y durante siglos siguió ingobernable.
Es el impuesto colonial que debemos seguir pagando por haber desafiado
al absolutismo, a la uniformización y al imperialismo. Saben de lo que
somos capaces como sociedad y no nos dejarán desarrollarnos hasta el
extremo de asombrar al mundo. Deberemos ser nosotros mismos los que
rompamos las cadenas de los conquistadores para reconstruir nuestro
Estado de acuerdo a las necesidades actuales. Dar a los juventud
oportunidades y futuro, y a la vejez seguridad. Para defender el derecho
a la vida, a la libertad y la búsqueda de la felicidad.
En el día de hoy recordamos que ya fuimos independientes, que ya tuvimos nuestro estado. Que fue conquistado por medio de las armas. Más aún, recordamos que ya tenemos nuestro estado y reivindicamos nuestro derecho a recuperarlo, a volver a ser libres y dueños de nuestro presente para construir el futuro.
En el día de hoy recordamos a todos los que lucharon por defender nuestros derechos y dieron su vida por la Libertad y la Justicia.
En el día de hoy recordamos que ya fuimos independientes, que ya tuvimos nuestro estado. Que fue conquistado por medio de las armas. Más aún, recordamos que ya tenemos nuestro estado y reivindicamos nuestro derecho a recuperarlo, a volver a ser libres y dueños de nuestro presente para construir el futuro.
En el día de hoy recordamos a todos los que lucharon por defender nuestros derechos y dieron su vida por la Libertad y la Justicia.
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